Una mirada un poco crítica a las relaciones modernas en la época del fascismo de los locos años 20s

Un día cualquiera en la tarde...

"Conexión real o nada". Leí la frase por vez un millón, en el perfil de una persona en una red de citas, y por vez un millón, algo me provocó en lo profundo. Esta vez, por el contexto de la frase, donde esta persona planteaba que no había esfuerzo ni trabajo, sólo la "conexión real". Y me ví reflejado en ese momento, en esa frase, en ese sentimiento romántico, mágico y fantasioso, que recuerdo haber habitado por tanto tiempo.

"No me gustan las relaciones sin dirección". Ahí está de nuevo, ese conservadurismo atroz que vive hoy en el mundo real, infectado desde la internet. Redpilleado, si me permiten el neologismo: desde una posición de "energía masculina" y de cosmovisiones tradicionalistas, hay un giro ideológico respecto de cómo queremos vivir las relaciones. Y eso me preocupa.


Pienso mucho en la idea de las relaciones románticas sexoafectivas contemporáneas, y en cómo se pueden desmenuzar y analizar desde una lente más estrictamente ideológica. Porque en este espacio donde estamos ahora, creemos en que todo es político, sin excepción.

En los últimos años, por ejemplo, podemos observar un movimiento desde lo relacional muy ligado al movimiento pendular propio de los procesos sociológicos: pasamos de un mundo más liberalizado (que aceptaba visiones fuera del común, como el poliamor y la liberalidad sexual propias de la no monogamia ética), hacia un estado de cosas donde los roles de género binarios tienen más preponderancia ("no 50/50", "si me sacan de casa me tienen que venir a dejar", "no princesos"). Esto es claramente una presentación sintomática de cómo vemos el mundo: si la inseguridad y la inmigración son temas relevantes para el público general, por cierto que vamos a querer que esas piezas ideológicas permeen en nuestras relaciones sociales y interpersonales. No quiero mezclarme con un extremista, porque, a diferencia de antes, hoy mis relaciones son con intención, buscando un compañero/a/e que me acompañe en el paso por La Escalera, donde ambos podamos subir, y no sólo quedarnos en las ilusiones progres, woke del mundo romántico. En definitiva, y en simple: yo quiero y busco a mi Príncipe Azul™, no quiero un Amor Moderno™.

(Nota del Autor: por cierto que la inclusión de la e como potencial pronombre es una decisión deliberada y política, porque yo, mrthompson, no creo en el uso de los pronombres como algo meramente estético y gramático, sino como una protesta política).

Me parece que hay una pregunta fabulosa dentro de esto: por qué buscamos algo que los años nos han mostrado, y en algunos casos demostrado, que es potencialmente dañino (véase: femicidios, violencia en la pareja, papitos corazón, etc.)? Mi impresión es que es mucho porque es tremendamente cómodo y empatizable, porque el Amor Violento™ que vemos en la cultura a nuestro alrededor tiene todas las componentes románticas fantasiosas que nos permiten fantasear respecto de él: un Hombre en su Energía Masculina que quiere conquistar a una Mujer en su Energía Femenina, que hace Lo Que Sea para que ella esté con él, incluso si ella no quiere. Ese cliché lo vemos en teleseries, series, películas, libros, revistas, la historia de tu tía... Lo vemos en todos lados. Y en todos lados nos cuentan que termina bien - incluso cuando no lo hacen. Recuerdo con mucha claridad esta relación intensa, dolorosa, borderline criminal,

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